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Books and anime reviews, when I have time; I wrote tales, stories and unfinished novels (for now). Hobbies too and reflections. Mainly Spanish, sometimes English and maybe something in Japanese.

viernes, 17 de marzo de 2017

viernes, 3 de marzo de 2017

[ESP] De viejas costumbres

Es curioso como la gente se refiere a ciertos lugares, a veces por algo que hay cerca, por algo que sucedió o por algo que había anteriormente y esto último es algo que ocurre en mi ruta diaria. 


Para los que no conocen mis tierras, la zona que se presenta es un costado del estacionamiento más grande del mundo Periférico y, en específico, es donde se ubica el Palacio Municipal de Naucalpan. El punto es un cruce (por debajo) de la Av. Gustavo Baz Prada y por ende hay un paradero por debajo (Sobre la Gustavo Baz) y por encima (Ambas direcciones de Periférico). La ruta que tomó todos los días para ir al trabajo, pasa por donde se ubica la flecha y en ese punto hace parada. Lo curioso de este asunto es que siempre le dicen a la parada: "El premier".

¿Qué es el premier? La verdad es que desde la primera vez que lo escuché me surgió la curiosidad y buscaba lugares relacionados a esto pero jamás había encontrado algo. Dado que ahí está el Palacio Municipal de Naucalpan (oficinas de Gobierno), lo normal sería que dijeran: "Bajo en el Palacio" y no "Bajo en el Premier". Hoy finalmente la curiosidad fue muy grande y decidí preguntarle al chófer el por qué de ese nombre. 

Resulta que, anteriormente, había un cine muy grande y famoso por la zona (circulo azul en la imagen anterior), el cual era "Cine Premier", y pues la gente bajaba ahí para ir al cine. Lo curioso es que, esto data de hace más de 30 años. Oyeron bien, ¡Más de 30 años! Y pues ese cine ahora es solo una bodega abandonada. 




Mismo caso ocurre ahora para el Metro Toreo, o como realmente se llama: Metro Cuatro Caminos, estación inicial de la línea dos (la azul), del metro de la Ciudad de México. Anteriormente la zona tenía un "Toreo", donde pues había actividades taurinas, conciertos o eventos de lucha libre. Por ende, la gente en lugar de llamar al Metro que se encuentra cerca por su nombre, se le llamaba -bueno, aún se le llama- "Metro Toreo".  Actualmente el Toreo fue demolido y ahora hay una plaza enorme con Oficinas y departamentos: Parque Toreo. Al menos el nombre de "Toreo" sigue presente pero ya no con el mismo significado sino, quizás, para mantenerse en el colectivo de los mexiquenses. 




Quizás algún día alguien, dentro de unos años y que no haya conocido el Toreo de Naucalpan, se pregunte como yo: "¿Por qué le dicen Metro Toreo?"

¿Y ustedes conocen algún lugar que pase por lo mismo?

miércoles, 22 de febrero de 2017

[ESP] La zona de falso confort

Se le conoce como zona de confort a ese momento en tu vida en la que llegas a un punto en el que ni hay avances ni hay retrocesos (aparentemente), en el que has logrado un modo de vida confortable que no te presenta un riesgo y cuyos beneficios son bastante agradables pero, siempre hay un pero, muchas veces esta situación esconde sueños frustrados, ideas ahogadas y una esencia restringida y he ahí la razón de la falsedad.

Una zona de confort debería ser ese lugar al que llegaste tras mucho esfuerzo recompensado, donde has logrado tus objetivos y que cuando empieces a desear algo más, la sensación que te envuelva sea de reto y emoción, no de desdicha y sufrimiento. 

Y, a todo esto, ¿Qué pedo?

Pues bien, la verdad es que estoy estancado en una zona de falso confort. Cada mañana al despertar es una lucha incesante por querer seguir dormido o comenzar el día. La lucha es dura, el sonido de la alarma no da cuartel, el pensamiento comienza a activarse y la sola idea de permanecer más tiempo en el transporte público, tanto por la mañana como por la tarde al regreso, es mucho más fuerte que las ganas de seguir descansando por lo que me levanto, salgo de ese pequeño espacio prestado que es el cuarto en el que vivimos en la casa de mis suegros y voy al baño. Después bajo, enciendo el calentador de agua y comienzo a preparar el desayuno. 

Tras vestirme salgo a la calle para que la mayoría de las veces vea pasar un camión y tenga que esperar al siguiente. Algunas veces ya viene lleno otras no, leer me resta un poco esa incomodidad que poco a poco se me va manifestando por lo que de ser posible lo hago (si viene con luces el camión y/o si hay espacio para ir sentado). Tráfico en Periférico.

Llegó al metro Cuatro caminos y resulta que hasta en el camino de los andenes hacia las taquillas hay tráfico, culpa de los estúpidos estudiantes de la FES Acatlán y algún otro paisano idiota que comienzan a recortar el paso de los que vamos entrando al metro por querer apurar su salida del mismo. Si corro con suerte hay suficiente lugar para poder ir leyendo de pie, pero cualquier retraso que haya tenido antes se llega a pagar caro, convirtiendo el metro en una lata de sardinas ajustadas en las que ni un pedo puede salir de uno porque simplemente ya no hay más espacio. Y hay lugares peores como Pantitlán pero bueno eso es harina de otro costal.

(Como leyeron el solo hecho de recordarlo me hierve la sangre).

En fin, salgo del metro, camino y llegó a una oficina donde mi reciente puesto adquirido con tanto orgullo hacia poco tiempo, ahora no es más que una tontería. Quizás mea culpa, quizás no pero, eso a estas alturas es lo de menos. 

Estoy aplatanado por aproximadamente 10 a 10 horas y media y emprendo el regreso a casa, camino que me espera un mayor desgaste de tiempo, vida y zapatos, entre una mayor cantidad de empujones, menor espacio, retrasos del transporte público y más tráfico. Si, MÁS TRÁFICO.

El tiempo en la oficina trato de emplearlo lo más productivo posible, pero llega a ser tan tedioso que simplemente pienso que vengo a que mis nalgas hagan dinero. No de la manera en la que lo hacen las putas, claro está.

En casa disfruta de unas cuantas horas que me sirven para platicar con mi esposa, convivir con la familia y mis hobbies. Todo a prisa para no dormir tarde y poder despertar más temprano pero, ¿A quién engaño? La culpa de no poderme despertar antes no es de la hora de dormir sino de mi modo de vida. 

¿Por qué no simplemente huyo? Porque tengo gastos que cubrir ciertamente pero lo principal es: porque no tengo un destino a donde llegar. Por ahora sé que me quiero ir a Querétaro a disfrutar de nuestra casa pero la oferta de trabajo no está tan excelsa por lo que no he podido encontrar algo que me ayude a solventar la deuda. Conforme pasa el tiempo voy terminando gastos y eso es lo que me mantiene a flote. Pero estando allá, ¿Qué haré? 

Ahora que lo pienso detenidamente, me doy cuenta que seguía en lo mismo: anhelaba estar allá para hacer uso de mis "horas libres". De poder salir con las mascotas por la tarde, de salir a andar en bici los sábados temprano, de nadar en la alberca, de disfrutar de la tranquilidad, de tener mi estudio de juegos y pintura en su máximo esplendor, de pasar "tiempo de calidad" con mi esposa. ¿Y el trabajo? Pues bien, lo que caiga que me de el dinero para mantenerlo. Quizás al principio lo disfrute pero llegará un punto en el que estaré llegando nuevamente a esta situación, la historia se repite y los humanos somos expertos en no hacer nada por cambiar eso. 

Desgraciadamente (o quizás todo lo contrario) a la vida no se le puede dar "reset". Por lo que se tiene que vivir con las decisiones que se han tomado pero lo bueno es que siempre tenemos la oportunidad de tomar nuevas decisiones y es algo que quiero hacer pero que estoy trabajando aún en ello aunque, al menos, ya tengo un paso adelante: ya se que no quiero.


sábado, 21 de enero de 2017

[ESP] Dos películas a recomendar

Dado que las salidas al cine han disminuido bastante, el uso de Netflix ha tenido un aumento notable y la verdad es que me he topado con muy buenas películas las cuales les quiero recomendar para estas tardes enpiernadas, ya sea con su pareja o con su cobija, y puedan disfrutar de una agradable tarde sin salir de casa (disminuyendo así el gasto de la gasolina y la contaminación, jajaja).

jueves, 19 de enero de 2017

[ESP] Nieve Maya (Reseña)


Promocionado como otra obra de Lucie Dufresne, autora de Quetzalcóatl, el hombre huracán, me esperaba por el título que fuese algo prehispánico, error mío y de mi esposa, pues no nos fijamos en la portada. Además cuando vamos de cacería de libros no leemos las reseñas o resúmenes de las contraportadas porque luego algunas están tan mal hechas que terminamos desechando, quizás, un buen libro. 

Les juro que pensé en todo menos en cocaína...


Pues bien, este libro trata sobre el narcotráfico en Quintana Roo, en los noventas. La protagonista es una chica canadiense y el escenario son las ruinas de Cobá, Muyil y las playas de Quintana Roo, todo fuertemente aderezado de la turbia política mexicana.